Ésta es la historia de un dramaturgo que paseaba por la calle,
(¿qué calle?) ¡Acaso importa cuál sea la calle!
Al fin y al cabo, los lugares acaban repitiéndose hasta fundirse y confundirse unos con otros.
Paseaba por la calle y sus bolsillos vacíos rebosaban de nostalgias.
Pobre dramaturgo, que piensa que está solo, que es torpe, que no tiene valía alguna.
Pobre.
Y no ve que en sus pisadas hay un reguero de dones que se le escapan.
Pobre.
Que nunca miró hacia abajo y lo vio.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario